Publicado el 06 de Junio de 2022
LOS INSENSATOS DE LA ANTEHOJUELA
MONTILLA (CÓRDOBA)
Vamos a conocer un joven proyecto que apuesta por los vinos frescos con cortas crianzas que reflejan la singularidad y las diferentes peculiaridades que expresa la uva Pedro Ximénez de Montilla-Moriles en cada una de sus parcelas primando talento y conocimiento frente a la tradición pero sin olvidar sus raíces.
La auto-denominación de "insensatos" se debe a que comenzaron su andadura en el año 2020 cuando el mundo se paró por la pandemia. Los Insensatos de la Antehojuela es un proyecto que, además de tener un punto desenfadado, conlleva una gran labor, mucha calidad y mucho amor a esas tierras cordobesas y a sus tradiciones.
Para conocer esta bodega nos trasladamos al corazón de la Sierra de Montilla y visitamos su particular “manicomio enológico” en el Lagar Cañada Navarro.
Los Insensatos de la Antehojuela fue fundada por seis integrantes de diferentes ámbitos y generaciones que decidieron unir su locura, ilusión, talento y pasión para elaborar vinos de carácter moderno y renovado siendo la enóloga Fátima Ceballos una de los integrantes de este cuerdo y pasional proyecto.
El amor a estas tierras y la defensa al viñedo y a los viticultores de la zona les ha llevado a redactar un Manifiesto Insensato que figura en todas las contraetiquetas de sus botellas representando una declaración de intenciones en la forma de elaborar sus vinos. Así declaran su “revolución desde el origen”:
-Nos obsesionan las variedades autóctonas y la expresión del terruño
-Primamos talento y conocimiento frente a la tradición
-Creemos que el origen de la calidad se halla en el suelo, en el fruto y en elviticultor
-Nos movemos sin pensar mucho, la ilusión nos guía
-Sufrimos constantes episodios de selección, selección, selección …
-Diversión, amistad y vino
Por todo ello, por comenzar a hacer vinos cuando el mundo se paró y por querer romper barreras, SOMOS INSENSATOS, sí.
Pero … si sientes pasión y locura por nuestros vinos y nuestra tierra … ¿Somos los únicos?
Nuestra visita comienza junto con dos de sus integrantes e ideólogos del proyecto, Juan Adamuz y Manuel Jiménez, recorriendo el entorno de la Sierra de Montilla y subiendo a Cerro Macho, su pico más alto, para divisar el magnífico paisaje de viñedos y olivos que nos rodea. Estamos situados en la zona de calidad superior de Montilla entre los arroyos de Benavente y Riofrío en un entorno de suelos muy blancos por la tierra de albariza en las partes altas y terrenos rojizos en los “ruedos” o partes bajas que contrastan con el verde de las grandes extensiones de viñedos y olivares.
En el corazón de esta sierra visitamos el Lagar Cañada Navarro que está rodeado de las pequeñas parcelas que crean sus vinos.
Ya habíamos descubierto el porqué del nombre de la bodega a través de su “cuerda insensatez” pero nos faltaba conocer el significado de “antehojuela” y el blanquísimo terreno de albariza que rodea a este lagar nos dio la respuesta. La “antehojuela” es un tipo de albariza de toscas densas y muy porosas que, por sus excepcionales características, crean vinos eternos.
Recorremos un estrecho y curioso camino bordeado por originales y viejas cepas en vaso a gran altura que nos guían hasta este inmaculado lagar rodeado del blanco suelo y, curiosamente, entre cipreses y palmeras.
Un típico patio andaluz presidido por un gigantesco limonero es el eje central sobre el que giran las distintas zonas de elaboración. En la zona de crianza, enormes y viejas tinajas casi centenarias atesoran sus vinos de la uva Pedro Ximénez con el característico velo de flor de la zona.
Cada tinaja guarda el vino nacido en una de las parcelas que nos rodea. Es un inmenso placer ir catando cada vino y asomarnos a contemplar las características y peculiaridades de la parcela que ha creado cada uno de ellos. Una única variedad, la Pedro Ximénez, nos refleja el amplio y singular abanico de matices que adquiere dependiendo de la orientación, altitud y edad de sus cepas.
Comenzamos la cata de estos vinos con alma que, como ellos mismos dicen, hablan de la tierra y de la uva Pedro Ximénez que, como fruta que es, muestra el magnífico potencial por sí misma sin necesitar largas crianzas.
Los Insentatos El Pretil. Su producción procede de una pequeña viña en la parte trasera del lagar con suelos más ligeros y poco profundos cuya orientación y posición no retiene el agua de lluvia. Por ello la uva que crea este vino es “más infeliz”, más pequeña y de piel más gruesa aportando al vino aromas de hierbas silvestres con pinceladas minerales y especiadas.
Los Insensatos Los Turistas. Creado con una parcela adosada al lagar en un terreno llano con cepas centenarias y vidueños (conjunto de otras variedades minoritarias entre el viñedo). Un vino cuyas “uvas felices”, por recoger todo el potencial de agua, nos expresa fruta más compotada.
Los Insensatos Los Injertos. Su parcela más alta y aireada crea un vino con más frescor y elegancia en la que sobresalen las notas cítricas.
Los Insensatos Los Llanos. Nace en una de las parcelas colindantes al lagar y por su escasa pendiente y orientación noroeste-sureste adquiere notas de flores blancas y suaves recuerdos de panadería.
Los Insensatos El Lechinar. Menos altitud y más pendiente en la misma orientación que la parcela de Los Llanos aporta más fruta madura y volumen en boca.
Los Insensatos Tinaja Mix. El “mix” o ensamblaje de distintas parcelas crea un vino singular en cada añada dependiendo de la climatología del año. En la añada 2021 se unieron los matices de la parcela El Pretil, Los Turistas, Los Injertos y un toque de vino de tinaja de la añada 2019 para crear un vino fresco con pinceladas minerales y las características notas de velo de flor .
Además de estos vinos que actualmente están en el mercado, tuve la oportunidad de catar desde las tinajas algunos que están por embotellar y que tienen una interesante historia que contar:
Los Insensatos La Condená. El curioso nombre de este vino irá dedicado en cada añada a una de las fincas o parcelas “condenadas a desaparecer” por no tener su viejo viticultor relevo generacional para el cuidado de sus cepas. Un vino único e irrepetible en cada añada que representa un homenaje a los pequeños viñedos que lamentablemente están desapareciendo en la región..
Los Insensatos El Barco. Una viña de 1898 que tras la enfermedad de la filoxera fue replantada en 1918 por el abuelo de uno de los integrantes de la bodega. Un homenaje a sus mayores a través de este vino aromático, fresco y a la vez protagonizado por la fruta madura.
Desde aquí os animo a conocer este cuerdo y pasional “proyecto insensato” con amplitud de miras que respeta la tradición vitivinícola heredada dando un giro fresco y renovado en la elaboración de vinos en la zona.
Gracias a Fátima, Santiago, Juan, Antonio, Emilio y Manuel por darme la oportunidad de descubrir los suelos de Montilla a través de sus vinos con alma e historias que contar.
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